Blog de análisis y escritura de guión cinematográfico

viernes, 15 de julio de 2011

La adaptación 'literal' en Miedo y Asco en la Vegas


Llevar a la pantalla una obra literaria conlleva un trascendental trabajo de representación creativa. Se trata de darle forma audiovisual a lo que el autor del libro sugiere con palabras. La lectura conlleva y exige la reconstrucción mental de todo aquello que nos están contando, creando el ambiente, la imagen y los rostros de la historia. Cada persona es siempre una mirada distinta. La literatura requiere de la 'dirección' del lector para completar la historia.

En el cine pasa algo casi contrapuesto. El autor pone en escena su historia dentro del 'mundo' que él ha imaginado, y el espectador se encarga de intuir lo que hay detrás de cada imagen o acción en la película. Por muy fiel que se pretenda ser a un texto, la adaptación siempre será personal, una versión más como la de cualquier otra persona que lo haya leído. Como ya comentamos, no se trata de ceñirse a él, sino de ser fiel a la idea que transmite.

Un pequeño ejemplo rescato de Miedo y asco en las Vegas de Terry Gilliam, que adaptó la obra de Hunter S. Thompson de una forma muy cercana a la novela. Primero el texto escrito, luego la escena de la película. ¿Era así como lo habíais imaginado?
" Bueno. Presentarse en el hotel. Pero cuando por fin llegamos al Hotel Mint, resultó que mi abogado no era capaz de enfocar como es debido el procedimiento de inscripción. Nos vimos obligados a hacer cola con todos los demás... lo que resultaba sumamente difícil dadas las circunstancias. Yo no hacía más que repetirme: 'Tranquilo, calma, no digas nada. Habla sólo cuando te pregunten: nombre, categoría y asociación de prensa, nada más, procura ignorar esta droga terrible, fingir que no está pasando...'
- Hola, qué hay -dije-, me llamo... Bueno, Raoul Duke... sí, está en la lista, seguro. Comida gratis, sabiduría total, cobertura absoluta... ¿por qué no? Traigo conmigo a mi abogado, y, ya sé, que su nombre no está en la lista, pero tenemos que ocupar esa suite, sí. Bueno, este hombre en realidad es mi chófer. Trajimos este Tiburón Rojo desde el Strip y es hora ya de que descansemos, ¿no? Sí. No tiene más que comprobar la lista y verá. No hay ningún problema. ¿Qué pasa? ¿No me oye?
La mujer ni siquiera pestañeó.
- Su habitación todavía no está lista -dijo- pero hay una persona que le busca.
- ¡No! -grité- ¿Por qué? ¡Si todavía no hemos hecho nada!

Sentía las piernas como de goma. Me agarré a la mesa y me derrumbé hacia ella cuando alzó el sobre, pero me negué a aceptarlo. La cara de aquella mujer empezaba a cambiar: se hinchaba, palpitaba... ¡horribles mandíbulas verdes y colmillos saltones, la cara de una murena! ¡Veneno mortífero! Me lancé hacia atrás contra mi abogado, que me agarró de un brazo mientras se inclinaba para coger la nota.

- Ya arreglo yo esto -dijo a la mujer murena-. Este hombre está mal del corazón, pero yo tengo medicina suficiente. Soy el doctor Gonzo. Preparen inmediatamente nuestra suite. Estaremos en el bar. "



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